A lo largo de los últimos tres decenios, en los que he seguido dando cursos y charlas por medio Mundo, siempre he pregonado que lo que hacemos en Europa, en lo que se refiere a la producción animal en el sentido más amplio del término, siempre es positivo estudiarlo y analizarlo. Pero, en algunas ocasiones, sobre todo en el caso de temas como, por ejemplo, el Bienestar Animal (B.A.) no suele ser lo más aconsejable aplicar una copia completa.

En este contexto y hace ahora ya más de una docena de años, en las clases que impartía en la entonces asignatura de Bienestar Animal,  en la que era la E.T.S. de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid, exponía que, en mi opinión, principalmente en la Unión Europea,  la normativa referida a esta compleja temática, zootécnica y eminentemente técnica, se estaba sesgando irreversiblemente. Y ello acontecía en razón de un creciente número de fuertes presiones de índole sociológica y con una clara base emocional, que estaban incidiendo en ella, vía legislativa.

Y así ha llegado el momento en que la inmersión del B.A. en esta “espiral no zootécnica” nos está llevando, como era de prever, a situaciones muy “sui generis” como las acontecidas en el Consejo de Ministros de Agricultura de la Unión Europea, que se celebró la semana pasada.

En él, Dinamarca, con el apoyo se Suecia, Alemania, Holanda y Bélgica,  puso de nuevo encima de la mesa el muy complejo y espinoso tema de la armonización de la normativa del B.A. en el seno de la Unión Europea (U.E. – 27).

La mencionada armonización puede convertirse, si se analiza la cuestión objetivamente y en profundidad, en un intento, por parte de los Estados del Norte de la U.E., de lograr, bajo el lema de “café para todos”, la cuadratura del círculo  en el ámbito del Bienestar Animal.

Debe tenerse muy en cuanta, al abordar esta cuestión, que los Estados del Norte han establecido, a nivel nacional y de motu propio, es decir, porque así lo han querido (generalmente en respuesta a unas grandes presiones generadas por sus sociedades civiles), normas referidas al Bienestar Animal de carácter marcadamente antropocéntrico y/o antropomórfico  y globalmente significativamente más exigentes que las existentes en la propia U.E. – 27.

Como era de esperar la problemática y las críticas, que estas decisiones unilaterales de estos Estados del Norte han originado en el sector pecuario de los mismos son evidentes, lógicas y absolutamente previsibles. Sus ganaderos, sí o sí, y no por voluntad propia, tienen que soportar, con la aplicación de las mencionadas normas unilaterales, unos costes de producción más elevados que los de sus colegas del resto de los Estados de la Unión.

Al final, como suele suceder siempre, especialmente en el marco de la producción animal y así se lo explicaba hace una semana a los alumnos del Master en Producción y Sanidad Animal de las Universidades UCM y UPM, todas estas situaciones, originadas en consideraciones de índole no zootécnica, acaban generando siempre disfunciones en los modelos productivos, eminentemente técnicos.

Consecuentemente y por una pura deriva que afecta directamente a los sistemas de producción y a sus técnicas, se generan importantes conflictos en el ámbito económico (porque no se olvide que, en las granjas con animales de renta, la última palabra, antes o después, siempre la tiene la economía).

Por todas estas razones, los mencionados Estados del Norte han aprovechado el Consejo de Ministros para presionar a Bruselas para que sus mencionadas “súper – normativas”, referidas al bienestar animal, sean de aplicación obligatoria (insisto, obligatoria) en todos los Estados de la Unión.  Lo cierto es que, los mencionadas Estados del Norte, “no pegan puntada sin hilo” en defensa de sus intereses particulares.

“Llueve sobre mojado”. Recordemos, a título de ejemplo, el hecho de que, durante el verano pasado, estuvo abierta en la Unión Europea una amplia consulta. En ella, entre otras muchas cuestiones, ya se abordaban los temas de la mencionada armonización, del desarrollo del etiquetado común en bienestar animal, del bienestar animal en la granja,  del bienestar animal en el sacrifico, de las normas de transporte animal, etc. etc.

Por su parte, la Comisión Europea (CE), se encuentra inmersa, en razón de ser uno de los compromisos asumidos en “la estrategia de la granja a la mesa”, en la revisión de la actual normativa de bienestar animal de la U.E. Está previsto que, en el año 2023, la CE presente una propuesta global acerca de la normativa del B.A. que mucho me temo será significativamente más estricta que la actual facilitando el abordaje, al menos parcial, de la mencionada armonización solicitada por el Norte.

No hace falta decir que, ante este intento en la U.E. de lograr en el tema del B.A.  la cuadratura del círculo (generador siempre de costes de producción adicionales) los Países Terceros que son importantes exportadores en el ámbito pecuario se frotan las manos. Igual lo hacen las empresas generadoras de productos “plant based” y las que, poco a poco, van llegado productoras de la por algunos llamada “carne sintética o carne celular”.

Concluyendo: como escribía al principio de lo expuesto deberían tomar muy buena nota los Países Terceros (y hago una especial referencia a los de LATAM) y no dejarse embaucar por los “cantos de sirena” que suelen emanar de fuentes con intereses generalmente particulares, que nada o muy poco tiene que ver con la producción pecuaria del Siglo XXI.

Pero ya conocen ustedes aquel refrán que dice: “con la ignorancia armonizan bien los errores”. Por favor, tomen nota.

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.

Fonte: Boletín Ágora TOP GAN