En el momento de escribir esta líneas, la realidad, dura y cruda, es que todavía hay, científicamente hablando, un más que notable desconocimiento acerca del coronavirus SARS – CoV -2 y, consecuentemente, del COVID-19 que es la enfermedad infecciosa causada por el mencionado coronavirus.

Ello ha dado lugar a que se escriban y digan, desgraciadamente, tanto desde el ámbito público cómo desde el privado, montones de falsedades, de inexactitudes, de sandeces y de posverdades (mentiras emocionales; neologismo que comporta una distorsión cierta y deliberada, interesada, de la realidad implicada).

Y ante esta situación y a estas alturas, no me debería haber sorprendido y menos cabreado profundamente ¡perdón!, que en una “vídeo mesa redonda” sobre producción animal y sus productos, en la que participé esta pasada madrugada, se considerara al COVID 19 fundamentalmente como un problema de Seguridad Alimentaria y subsidiariamente como un problema de Salud Pública y, además, vinculado este problema de Seguridad Alimentaria fundamentalmente con los productos pecuarios.

Y, no es verdad. Al día hoy, y es absolutamente conveniente dejarlo muy claro: nada está más lejos de la realidad. Diferentes organizaciones del máximo prestigio, que trabajan en el ámbito de la Seguridad Alimentaria, no han podido encontrar, como lo han ratificado, entre otras, la OMS y la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFISA), evidencias científicas de que el virus de marras sea transmisible por vía alimentaria; es decir, por vía digestiva directa.

Lo que sí es cierto, es que ante la NO aplicación de las adecuadas prácticas de higiene en los procesos de manipulación de los alimentos (no uso de los dispositivos de protección, no aplicación de los adecuados programas de limpieza y desinfección, etc.), los alimentos pudieran ser contaminados al ser mal preparados o mal manipulados y/o intervenir en ellos personas portadoras el virus.

No se puede minusvalorar aquí el hecho de la conocida persistencia, más o menos prolongada, del SARS – CoV – 2 en las personas, en algunas superficies que están o pueden estar en contacto con los alimentos durante su procesado o en su proceso de embalado o envasado (pienso en plástico, en cartón, en madera, en acero inoxidable, etc.). Bien entendido que la persistencia del virus en cada caso es función de la naturaleza de las condiciones sanitarias de las personas implicadas, de la superficie de contacto y del cripto y microclima: temperatura y humedad relativa.

¡OJO!  Cierto es, que la contaminación de los alimentos puede tener lugar en los hogares si hay en ellos personas portadoras del virus implicadas y/o no se aplican las adecuadas medidas de higiene (lavado frecuente de manos, etc.) y de manipulación.

Pero, afortunadamente, también se sabe que al mencionado virus se le destruye con calor (unos minutos a T > 70ºC), con la aplicación de productos desinfectantes (léase agua oxigenada, etanol, etc.) siempre que las superficies que se traten con ellos estén limpias, claro.

Desde hace años, a lo largo de nuestras cadenas alimentarias, hablo ahora de España que es lo que mejor conozco, existe por parte de todos los agentes que en ellas laboran, una total implicación (garantizando las adecuadas aplicaciones de las correctas prácticas en la manipulación y envasado). Todo ello ha comportado y comporta, sin duda alguna, un nivel realmente muy alto en lo que a la Seguridad Alimentaria española se refiere (otra cuestión bien distinta es lo que pueda acontecer en estos ámbitos en otras regiones del globo)

Además, en España, la aplicación de los sistemas de autocontrol basados en el análisis de los APPCC (Análisis de Peligros y de Puntos de Control Críticos) y los controles oficiales, no se han interrumpido durante todo este tiempo. Paralelamente, muchas empresas han implementado otras normas de calidad como IFS o BRC (a partir de asesorías externas o de personal propio adecuadamente formado y preparado). Por su parte, las Autoridades Sanitarias continúan realizando, como siempre, exhaustivas inspecciones en los establecimientos relacionados con el tema alimentación, que continúan abiertos.

Por lo tanto, tengámoslo todos diáfanamente claro: el virus SARS – CoV – 2 está generando directamente en el Mundo un gravísimo problema o crisis de Salud Pública, NO una crisis de Seguridad Alimentaria.

¿Qué culpa tiene el virus de marras de que, por ejemplo, no se aplican masivamente los imprescindibles test a las personas, de que no estén implementados y/o no sean seguidos los adecuados planes de higiene personal, de que se ignoren los planes de limpieza y desinfección de los lugares implicados y/o de que se manipulen o envasen mal los alimentos?

Por favor, no confundamos la gimnasia con la magnesia. Objetivemos realmente, profesionalizamos, YA toda cuestión y toda comunicación relacionadas con el SARS – CoV – 2 y con la enfermedad COVID 19.

La sociedad, en general hoy muy confundida, lo agradecerá sin duda profundamente.

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.

Profesor Emérito.

Universidad Politécnica de Madrid

Universidad Alfonso X el Sabio

Fonte: Boletín Ágora TOP GAN