De acuerdo con las cifras vertidas por un grupo de “expertos, avicultores y técnicos”, en una reunión que tuvo lugar hace un par meses en Centroamérica y en la que participé, en la actualidad se estima que puede haber en el mundo, contando las “gallinas caseras o de traspatio, como habitualmente se clasifican”, del orden de unos 5,5-6,0 billones de ponedoras, de las cuales un número cercano a los 4 millones se encuentran ubicadas en explotaciones censadas.

De estos 4 billones de gallinas, cerca del 90 por 100 se encuentran alojadas en jaulas (produciendo del orden de un 65 por 100 de la producción mundial controlada); alrededor del 7,5 por 100 lo hacen en los sistemas alternativos y sólo el 2,5 por 100 se alojan en sistemas camperos o en libertad (free range system).

Estos porcentajes me llevan a pensar, al contrario de lo que me parece creen los animalistas, que en el mundo no puede ser que un número muy elevado de los detentores del 90 por 100 de las gallinas ponedoras enjauladas (por decirlo de alguna manera) consideren que las modernas jaulas, adecuadamente diseñadas y bien manejadas, hacen sufrir a la base animal y no son adecuadas para sustentar la fase productiva (cuando, no se olvide, los actuales niveles de postura por ave alojada son los que son correspondiendo además a una “función de lujo”, a la función ovocitaria del ovario izquierdo, que es el único funcional que posee la gallina – Gallus gallus domesticus – ).

Obviamente en la Unión Europea, desde hace bastantes años, no se piensa así a nivel político y de los “influencers”, detentores de unas claras visiones antropológicas, más o menos interesadas, de la producción animal, y con el objetivo actual, entre otros (cómo lo pude comprobar, una vez más, el pasado jueves en Rio Maior en Portugal), de reducir el consumo de proteína animal a un máximo de 35 gr/persona y día.

Así, en el “mundo de la gallina de aptitud puesta” desde al año 2002, que fue cuando se dictó la normativa que enterraría 10 años después a las jaulas tradicionales (en aquel entonces altamente tecnificas y con un “diseño invertido” y sostenible), no se ha dejado de desear, de una forma más o menos encubierta, que todas las ponedoras de la Unión acaben alojadas en modelos de producción sobre suelo (huevo tipo 1) y, a ser posible, en modelos de tipo “ecológico” (huevo 0).

Siguiendo caminando por la senda referida, la Comisión del Código de la Organización Internacional de Epizootias (OIE), reunida en París, ha evaluado las respuestas obtenidas de la consulta realizada sobre las normas globales vigentes referidas a los alojamiento de las gallinas ponedoras en la Unión Europea (me gustaría muchísimo saber qué porcentaje de los encuestados eran avicultores, veterinarios, técnicos y/o profesionales cualificados, activos en este sector).

En este marco se abren ahora dos opciones.

La primera, que sus conclusiones se materialicen en unas recomendaciones que se podrían presentar para su adopción en la asamblea general de la OIE de París a finales del presente mayo. La segunda, que se ponga en marcha una segunda ronda de consultas sobre las propuestas presentadas, que se completaría en el mes de noviembre del presente año 2019 y se llevarían, para su adopción, a la próxima asamblea de la OIE que tendrá lugar en del mes de mayo de año 2020.

Toda esta parafernalia institucional me recuerda mucho las ansias de ciertos matemáticos por lograr famosa cuadratura del círculo.

La verdad es que me temo que de continuar por este camino los consumos del huevo cáscara en España, al igual como está sucediendo realmente en los sectores del cerdo blanco y de la leche, bajarán significativamente (entre otras cuestiones por razones de coste y precio) y, paralelamente, se abrirá el mercado, de forma irreversible, en el marco de los “nuevos alimentos”, al “huevo sin huevo”, que ya está llamado a la puerta.

Como concluía el otro día una conferencia; “si los pazguatos bienaventurados volaran… no nos sería nada fácil poder disfrutar del sol”.

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

Fonte: Foro Agro-Ganadero